Miércoles 10/02/2010
Querido diario:
Llevo ya tres días sin escribir, no por gusto, sino por habernos quedado atrapados y porque me quitaron el diario al descubrir que lo llevaba conmigo. Voy a contar cómo fueron esos dos días y medio de miedo, ansiedad y, sobre todo, misterio:
En cuanto dejé de escribir en mi diario y después de guardarme la llave de éste, me di cuenta de que al otro lado de la celda había un hombre robusto, con una mirada no muy amigable. Me miraba fijamente y, al rato, preguntó: <<¿Qué escribías ahí?¿No sería un mensaje pidiendo auxilio, verdad?>>-Por mucho que intenté convencerle de que solamente era mi diario, me hizo entregárselo, aunque se olvidó de pedirme las llaves, así que no lo podría abrir. Como no se fiaba de nosotros, se sentó en una silla para vigilarnos, pero se durmió enseguida por el silencio y el aburrimiento. Igual que en las películas en las que encierran a gente, él llevaba consigo un aro con un par de llaves: una, de la celda; y la otra, del reformatorio. Todos hicimos un intento fallido de cogerlas, pero lo único que conseguimos fue despertarle. Así que disimuladamente, nos pusimos a hablar sobre cómo nos iba la escuela (si hablábamos de otra cosa, sospecharía que planeábamos algo para escapar). Al ver que era aún más aburrido oírnos hablar del colegio, volvió a tornar los ojos y cayó en seguida en sus sueños. Como todos estábamos en silencio, cada uno pensando en un plan para escapar de allí, se oían todo tipo de ruidos: desde el que emitían los ratones al mordisquear un trozo de comida pasada, hasta el de una araña tejiendo en la esquina de la celda. De repente, sonó un móvil. No era del vigilante, sino de uno de nosotros. ¡Estábamos salvados! O eso creía yo, porque hizo tanto ruido que despertó el supuesto agente. Todos miramos a Lucas con cara de pocos amigos, aunque no muy enfadados. ¿Cómo no se había acordado de que llevaba el móvil encima? ¡Podríamos haber llamado a la policía para que nos rescatase y encerraran al vigilante! Pero, por suerte, éste tardó en desperezarse y en darse cuenta de la musiquilla, así que le pudimos convencer fácilmente de que se lo habría imaginado mientras soñaba. Cómo no, volvió a dormirse como un tronco y aprovechamos la ocasión para llamar a la policía. Somos solamente unos críos-según ellos, y como pensaban que estábamos gastando una broma un tanto creíble, no le dieron mucha importancia y nos avisaron de que llegarían en unas 5 horas. No tuvimos otro remedio que esperar. Cuando finalmente llamaron al timbre, el furioso vigilante fue a abrir y entró un hombre vestido con ropa normal. Pensábamos que sería otro cómplice de todo esto, pero de repente, sacó una pistola oculta en su bolsillo y dijo: <<¡Manos arriba!>>-Al principio nos pareció un atracador, pero luego se quitó la ropa que llevaba puesta y apareció debajo su uniforme policial.
No hay comentarios:
Publicar un comentario