Domingo 07/02/2010
Querido diario:
¡¡Ay, madre!! ¡¡En buen lío que nos hemos metido!! Bueno, no sé si a esto se le puede llamar lío o historia de terror o qué...En fin, mejor me tranquilizo y empiezo a contar todo desde que dejé ayer de escribir:
A parte de las heridas que presentaban mis amigos, no tardé en darme cuenta de que yo también estaba llena de moratones y algún que otro rasguño, debido al dolor y escozor que sentía. Seguido, apareció el mismo hombre que nos advirtió que este no era un lugar seguro, aunque tenía algo diferente...Era más fuerte, y sus ojos tenían un brillo maléfico que me aterraba bastante. Nos miraba con el ceño fruncido y una sonrisilla bastante rara, como si fuese el típico malo de una película que está planeando algo doloroso para los que ha capturado. Todos nos miramos, y entonces fue cuando me di cuenta de que estábamos encadenados a la pared, de piernas y brazos. Entonces, apareció Claudia. Llevaba consigo una navaja pequeña, pero lo suficientemente afilada, para hacernos quién sabe qué...Poco a poco, se fue acercando a mí, dando lentos pasos y sonriendo igual que aquel hombre, que contemplaba la escena sin inmutarse. Yo ya estaba girando mi cara y cerrando los ojos, imaginándome qué iba a hacerme cuando estuviese en frente mía. Cuando ya estaba a un palmo de mi cara, levantó la navaja y la clavó en la pared, justo a un centímetro de mi oreja. Entonces, bajé la mirada y suspiré, tranquila. Mis amigos estaban quietos, era como si se hubiesen congelado en el tiempo, pero ¿ni siquiera parpadeaban? ¿Respiraban? No estaba muy segura, aunque Claudia sacó una llave de su bolsillo y abrió las cerraduras de los candados. Pregunté:<<¿Por qué me has liberado?¿Y a los demás no les piensas soltar?>>-Y me contestó: <<Di un número, el que quieras, sólo si escoges el correcto podrás dar la libertad a tus amigos, y si escoges uno erróneo, tendrás que contemplar su...>>-No le dejé terminar. Lo que venía iba a ser muy cruel; la vida de mis amigos estaba en mis manos. Solamente yo podía decidir. De repente, fue como si hubiesen despertado de un congelamiento, y me empezaron a gritar, casi llorando desesperadamente: <<¡Laura, por favor, piénsate bien el número!>>-Y aún me puse más nerviosa. Eso no pudo evitar, por desgracia, que no pensase en ningún número, y después de unos segundos en silencio dije, al fin:<<Cuatro>>-Todos callaron y contemplamos juntos a Claudia, que decía:<<Bien, bien, chica lista, te has librado por un pelo. Pero solamente los has hecho vivir, no salir de aquí>>-Así que de repente, y sin más, estábamos en una sala, encerrados como si fuésemos prisioneros, en una especie de celda. Nos costó, pero no tuvimos otro remedio que dormir y esperar al día siguiente.
Ya es por la mañana y aquí estamos todos, esperando a que alguien nos rescate, y pensando en cómo estarán nuestras familias, al ver que no regresamos ayer por la noche a casa...
No hay comentarios:
Publicar un comentario