Introducción

Laura es una chica alta y rubia que vive en Madrid. Por su décimo cumpleaños le regalaron un diario en el que actualmente escribe con frecuencia. Allí están guardados bajo llave sus más íntimos secretos de amor, ilusiones, sueños, aventuras...Aunque a veces, no le salga nada como ella espera, siempre tiene una pizca de ilusión...


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miércoles, 27 de abril de 2011

CAPÍTULO 8

Domingo 07/02/2010
Querido diario:
¡¡Ay, madre!! ¡¡En buen lío que nos hemos metido!! Bueno, no sé si a esto se le puede llamar lío o historia de terror o qué...En fin, mejor me tranquilizo y empiezo a contar todo desde que dejé ayer de escribir:
A parte de las heridas que presentaban mis amigos, no tardé en darme cuenta de que yo también estaba llena de moratones y algún que otro rasguño, debido al dolor y escozor que sentía. Seguido, apareció el mismo hombre que nos advirtió que este no era un lugar seguro, aunque tenía algo diferente...Era más fuerte, y sus ojos tenían un brillo maléfico que me aterraba bastante. Nos miraba con el ceño fruncido y una sonrisilla bastante rara, como si fuese el típico malo de una película que está planeando algo doloroso para los que ha capturado. Todos nos miramos, y entonces fue cuando me di cuenta de que estábamos encadenados a la pared, de piernas y brazos. Entonces, apareció Claudia. Llevaba consigo una navaja pequeña, pero lo suficientemente afilada, para hacernos quién sabe qué...Poco a poco, se fue acercando a mí, dando lentos pasos y sonriendo igual que aquel hombre, que contemplaba la escena sin inmutarse. Yo ya estaba girando mi cara y cerrando los ojos, imaginándome qué iba a hacerme cuando estuviese en frente mía. Cuando ya estaba a un palmo de mi cara, levantó la navaja y la clavó en la pared, justo a un centímetro de mi oreja. Entonces, bajé la mirada y suspiré, tranquila. Mis amigos estaban quietos, era como si se hubiesen congelado en el tiempo, pero ¿ni siquiera parpadeaban? ¿Respiraban? No estaba muy segura, aunque Claudia sacó una llave de su bolsillo y abrió las cerraduras de los candados. Pregunté:<<¿Por qué me has liberado?¿Y a los demás no les piensas soltar?>>-Y me contestó: <<Di un número, el que quieras, sólo si escoges el correcto podrás dar la libertad a tus amigos, y si escoges uno erróneo, tendrás que contemplar su...>>-No le dejé terminar. Lo que venía iba a ser muy cruel; la vida de mis amigos estaba en mis manos. Solamente yo podía decidir. De repente, fue como si hubiesen despertado de un congelamiento, y me empezaron a gritar, casi llorando desesperadamente: <<¡Laura, por favor, piénsate bien el número!>>-Y aún me puse más nerviosa. Eso no pudo evitar, por desgracia, que no pensase en ningún número, y después de unos segundos en silencio dije, al fin:<<Cuatro>>-Todos callaron y contemplamos juntos a Claudia, que decía:<<Bien, bien, chica lista, te has librado por un pelo. Pero solamente los has hecho vivir, no salir de aquí>>-Así que de repente, y sin más, estábamos en una sala, encerrados como si fuésemos prisioneros, en una especie de celda. Nos costó, pero no tuvimos otro remedio que dormir y esperar al día siguiente.
Ya es por la mañana y aquí estamos todos, esperando a que alguien nos rescate, y pensando en cómo estarán nuestras familias, al ver que no regresamos ayer por la noche a casa...

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