Introducción

Laura es una chica alta y rubia que vive en Madrid. Por su décimo cumpleaños le regalaron un diario en el que actualmente escribe con frecuencia. Allí están guardados bajo llave sus más íntimos secretos de amor, ilusiones, sueños, aventuras...Aunque a veces, no le salga nada como ella espera, siempre tiene una pizca de ilusión...


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martes, 10 de mayo de 2011

CAPÍTULO 10

Jueves 11/02/2010
Querido diario:
La historia no terminaba así, pero me tenía que ir. Así que la sigo contando:
Cuando el vigilante vio la ropa del policía, se quedó absorto en sus pensamientos y, a la vez, boquiabierto. No tardó en reaccionar y tan pronto como pudo echó a correr. El policía le siguió y no le costó alcanzarle, pues el vigilante estaba algo gordo. En cuanto lo hizo, el vigilante intentó liberarse con las poquísimas fuerzas que le quedaban después de esa corta corrida. Pero le fue imposible y se tiró al suelo, agotado y sin fuerzas. El policía no tuvo ningún remordimiento y lo levantó, a pesar de lo pesado que era. Lo estampó contra la pared, le cogió los brazos, los juntó y lo esposó. Como dejó sus brazos alrededor de una fina columna de cemento, el vigilante no tenía manera alguna de escapar, pues por mucho que hiciese fuerza para romper las esposas, sólo conseguía hacerse daño a sí mismo en los brazos. Mientras el policía se dirigía hacia nosotros, el vigilante lanzaba unos chillos tremendos; unos, de insultos hacia el policía; y otros, pidiendo auxilio. Pero no había nadie por allí...o eso creíamos nosotros. A la vez que seguía avanzando hacia nosotros, se empezaron a oír unos ruidos provenientes de todos los lados, parecidos a los que escuchamos el día que fuimos capturados, antes de que las luces se apagasen. Todos nos miramos a la vez, preocupados. ¿Y se el policía no era uno de verdad? ¿Estaría fingiendo y nos iría a hacer algo? No sabíamos qué hacer, más que retroceder. Por suerte, o no, no consiguió abrir la celda, pues era el vigilante quien tenía las llaves. Corrió hacia él, le empujó y le hizo entregárselas. En ese momento, tuvimos esperanzas y pensamos que el vigilante sabría muy bien quién era ese tipo y qué planes tendría con nosotros. Sería muy sangriento matarle delante nuestra, así que el policía le dio unos cuantos puñetazos y le dejó sangrando por toda la cara y, también, con numerosos moratones. Nos volvimos a mirar: nuestra única esperanza era el vigilante, y ahora estaba en estado de coma. El policía se aproximó a abrir la celda, y cuando estaba a punto de hacerlo, apareció de la nada una figura muy familiar. ¡Era Claudia! No nos lo podíamos creer. ¡Estábamos definitivamente salvados! Pero el policía cogió su pistola rápidamente y disparó. Claudia cayó al suelo y por un momento pensamos que estábamos perdidos. Pero entonces, se levantó, le agarró bien fuerte, se tiró clavándole el codo y la rodilla en la espalda y lo dejó gimoteando de dolor. Aprovechó para quitarle las llaves y abrir la celda: <<¡Corred!¡Salid ahora mismo de aquí e id a la comisaría ahora mismo!¡No perdáis el tiempo, estúpidos!>>-Aunque nos hubiese insultado, nos daba igual, porque era una chica rebelde y se quería hacer la dura, pero en realidad nos estaba diciendo:”Corred, confío en vosotros”. Bueno, es Claudia, hay que conocerla...Después de avisar en la comisaría, el resto de lo que pasó sucedió muy rápido: arrestaron al impostor; al vigilante lo llevaron al hospital y, en cuanto se cure, irá a la cárcel; y, bueno, Claudia...Hay que arreglar las cosas con ella. Le agradecimos un millón de veces su ayuda, que gracias a ella ahora estamos todos vivos, pero...no le va eso de hacerse la blandengue. Así que se hizo otra vez la dura y, sin darse cuenta, nos sonrió. No habíamos visto eso desde hacía ya muchísimo tiempo, pero...Claudia, es Claudia...

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