Sábado 27/02/2010
Querido diario:
Más interesante fue aún lo que sucedió al irnos a casa: era el primer día en que estábamos las dos cuadrillas juntas y aún no sabíamos dónde vivían los “nuevos”, por llamarlos de alguna manera. Así que tal fue mi sorpresa que me llevé al saber que Lucas vivía una calle antes que la mía (se acababa de mudar), que me quedé parada inocentemente, con la mirada perdida. De repente, alguien por detrás me sostuvo en sus brazos y me apoyó poco a poco en un banco cercano. Resultó ser Lucas, que el muy simpático me cogió antes de que me cayera al suelo por un ataque o yo qué sé el qué me debió de haber dado...El caso es que nuestras caras estaban muy cerca, casi pegadas, y él me preguntaba si me encontraba bien y si quería ir al ambulatorio para que me mirasen, pero yo seguía sumergida en mi mundillo de fantasía, imaginando según lo que iba sucediendo allí, lo que quería que me pasase. Pero Lucas me sentó y tímidamente me miró a los ojos. Entonces me empezó a latir el corazón a cien por hora y mi boca hizo un sigo de alegría tonta, de esas que se te ponen cuando estás completamente enamorada. Sentía su aliento, y nuestros labios iban acercándose lentamente, cuando, de repente, sonó mi teléfono móvil. ¡Si es que quién me mandaría a mí tenerlo encendido con el volumen al máximo! ¡Estábamos a punto de besarnos, el chico más guapo del mundo y yo, y todo lo estropeó ese maldito cacharro! Aún medio embobada, dije: <<Discúlpame unos segundos, por favor>>- Y se vio que a él tampoco le hizo mucha gracia, porque puso una mueca, como diciendo: “casi, pero no ha podido ser...”. Fui una estúpida, no tendría que haber dicho eso, tendría que haber continuado y después, sólo después, haber cogido el móvil. Pero ya no había remedio, así que lo cogí y contesté malhumorada: <<¿Quién?>>- Era Naroa, que por desgracia se había olvidado el día anterior una chaqueta en mi casa y lo acababa de recordar. <<Chica, no contestes así, que ya me la devolverás mañana...>>. <<No es por eso>>-Resoplé-<<Es que...mañana te lo cuento, ¿ok? Adiós>>. Colgué rápidamente, de tal forma que no le di tiempo a despedirse. Regresé al banco, pero Lucas dijo que también le acababan de llamar y no tenía que ir a casa, sino a su sociedad. Nos despedimos con rabia por lo del “no beso”, pero sonrojados.
Al día siguiente llamé a Naroa para quedar y, de paso, contarle lo de la noche anterior. Apenas terminé mi relato, ella gritó: <<¿Quééé? No me fastidies, Laura...Yo también me gusto de él y hoy te lo iba a contar...¿Pero cómo me puedes hacer esto: tú, mi mejor amiga...? La verdad, no sé qué pensar ahora, por lo menos te interrumpí el beso y no llegó a haber nada...>>- Espera, ¡sí! ¡Lo dijo!-<<¿Pero cómo puedes ser tan cretina, Naroa?>>-Respondí-<<Mira, si nos gustamos pues te tendrás que aguantar y ya está. Pero, es que, siendo mi mejor amiga, ¿cómo puedes ser capaz de alegrarte por algo que a mí me sabe a cuerno quemado? Yo sí que no te entiendo...>>-Concluí. Pero Naroa siguió la conversación chillando enfadada:<<¿Cómo que no me entiendes? ¿Y mis sentimientos, qué?, ¿eh? Mira, hasta que no te tranquilices no pienso hablar contigo, ¿me oyes? Así que no me vuelvas a hablar hasta que reconozcas que Lucas se gusta de mí>>-Y colgó. Ni siquiera me dio tiempo a decirle ninguna reprimenda, y me dejó con la palabra en la boca. ¿Qué quiere que le haga si nos gustamos mutuamente? Se tendría que alegrar por mí, ¿no?
No hay comentarios:
Publicar un comentario