Introducción

Laura es una chica alta y rubia que vive en Madrid. Por su décimo cumpleaños le regalaron un diario en el que actualmente escribe con frecuencia. Allí están guardados bajo llave sus más íntimos secretos de amor, ilusiones, sueños, aventuras...Aunque a veces, no le salga nada como ella espera, siempre tiene una pizca de ilusión...


Número de visitas

sábado, 31 de diciembre de 2011

CAPÍTULO 18

Martes 23/03/2010
Querido diario:
Aquella noche en vilo me sirvió para recapacitar sobre los hechos ocurridos y para analizar con calma la situación... Al fin, llegué a una conclusión por la cual Lola sabía lo de mi padre. En cuanto la viese, habría muchas cosas que me iba a tener que aclarar. No lograría salir de todas, así que la acabaría pillando. Ya me bastó con lo que dijo al salir de su fiesta, pero necesito más pruebas. Por la boca muere el pez. Y ella sola se delató. Ni se imaginaba lo que le iba a venir encima. De repente, sonó una melodía algo estridente, que me hizo regresar a la realidad desde mis pensamientos. Era el móvil de la madre de Naroa. Me asomé a la puerta de la habitación sigilosamente y puse la oreja al lado de ésta para escuchar mejor. «Hola. Sí , no molesta en absoluto. Se puede quedar todos los días que te vengan bien, hasta que su padre se ponga algo mejor... ». Intentaba recrear en mi mente lo que decía la otra persona que hablaba que, obviamente, no podía ser otra que mi madre. De repente, escuché cómo la madre de Naroa reprimía en sus ojos, entonces llorosos, la ganas de dejar una lágrima caer. Me temí lo peor, pero antes de ser precipitada, volví a pegar la oreja a la puerta. Alguien se acercó detrás mía y me susurró: «¿Qué haces, Laura?» «¡Shh!»- Mandé callar a Naroa, para seguir escuchando la conversación. «Sí... Vale, espero que esto no vaya a más... ¿Se lo digo a Laura? ¿No? Vale. Sí, creo que será mejor, sino puede que el poco ánimo que tiene en estos momentos decaiga hasta el fondo... Adiós, un beso. Y no llores, que todo saldrá bien, no te preocupes...» ¡Oh, oh...! Que no se preocupase ¿de qué? Sin poder evitarlo, mi mente se inundó de recuerdos que tengo desde que me alcanza la memoria, como un 'flashback' en una película: yo de niña montando en mi primer triciclo, mis padres cocinando conmigo una tarta de cumpleaños, una acampada en el bosque con mi padre... Recuerdos bonitos, imborrables. Lágrimas caían lentamente por mi blanca mejilla, dejando huella a su paso, hasta que llegaban a mi barbilla y, sin remediarlo, chocaban contra el suelo. Angustia. Miedo. Dolor. Todas esas y más sensaciones negativas eran las que me invadían en ese momento. Naroa se dio cuenta y me abrazó. Era un abrazo amistoso, compasivo, lleno de ternura. Sí, ella me quiere de verdad. Por eso es y será mi mejor amiga. Descifró, a través de mis lágrimas, lo que sucedía y comenzó también a llorar.
Su madre entonces se dio cuenta de que estábamos ya despiertas, y entró a la habitación. La había oído, y no podía hacer nada para disimular lo que mi madre le había contado. Así pues, me abrazó junto a Naroa e intentó calmarme, aunque no sirvió de mucho. Una vez dejé de llorar, no le quedó más remedio que contarme lo que pasaba. «Tu padre ha empeorado. La verdad es que no se sabe con certeza cuándo se mejorará ni el tiempo que le costará... Tu madre me ha contado que posiblemente lo sometan a una operación, puesto que ha sufrido graves fracturas en el interior de su cuerpo. También quiero que sepas otra cosa: no quiero desanimarte, ni mucho menos, pero eres mayor para asimilar estas cosas, a las que nadie se acostumbra nunca, y debes saberlo. Muchas personas en todo el mundo se someten a este tipo de operaciones cada año, y sólo un 15% de ellas sale ilesa, completamente curada aunque necesite bastante reposo. Un 5% queda inválida porque necesitan tocar la médula espinal y, a pesar de que consigan reponerles todos los huesos, les han tenido que quitar una parte de la médula para realizar el resto de la operación. El 80% restante... Muere». Esas últimas palabras se me quedaron grabadas y se repetían cien veces por segundo en mi cabeza... ¡¿Mi padre se iba a morir?! Angustiada, rompí a llorar de nuevo. No podía dar crédito a lo que había oído. Tenía ganas de vomitar, la cabeza me daba vueltas... y me desmayé.

jueves, 27 de octubre de 2011

CAPÍTULO 17

Lunes 22/03/2010
Querido diario:
Hoy ha habido colegio, sin embargo, estoy demasiado preocupada por lo sucedido y estos hechos me han traumatizado un poco... Pero como aún no está aclarado todo, continuaré desde donde lo dejé:

“Viernes 19, 23:30 horas.”
Nada... no había respuesta alguna cuando Naroa, Lucas y Mark llamaron desde mi móvil al de mi padre. Ya no se descolgaba solo, así que ellos tres me recomendaron llamar a mi madre para contarle lo sucedido. Y así hice. «¿Sí?»- Respondió mi madre, nerviosa y a punto de llorar. «Mamá, he llamado a papá porque tardaba mucho en venir a recogernos y... » No me dio tiempo a proseguir, mi madre estalló y rompió a llorar, desesperada. Por lo visto, ella ya se había enterado de la noticia. Y no era nada buena... Sorbiendo sus lágrimas e intentando no llorar mucho para que yo la entendiera al hablar, comenzó: «Tu padre... está en coma... lo han ingresado en la UCI porque un camión, que iba a ciento noventa kilómetros por hora, ha chocado contra él y lo ha arrojado al campo. Nadie conducía el camión...» Y comenzó de nuevo a llorar. No me lo pude creer. Por un momento estuve a punto de desmayarme, pero Lucas me sostuvo sobre sus brazos mientras recuperaba la conciencia y volvía al mundo real. No pude más. Rompí a llorar en medio de la calle, y los demás también lo hicieron. Una auténtica tragedia. Pero justo en ese momento salieron a dar una vuelta Lola y su pandilla y, al ver semejante espectáculo, se acercaron a preguntar. «¿Qué os pasa? Ni que se hubiera muerto alguien, chicos. A ver, aunque nunca podáis hacer una fiesta como la mía, no es motivo para ponerse así» Enfurecí, querría haber matado en ese momento a esa idiota metomentodo, pero lo único que hice fue abalanzarme sobre ella mientras mis amigos intentaban detenerme. «¿Acaso tu sabes lo que de verdad ocurre? ¿Qué, te crees la reina del mundo, verdad? Pues para que lo sepas, ¡no me llegas a la suela del zapato! Así que no te metas en mis asuntos personales, y vete un ratito a... ¡¡Por ahí!!»- No quería empezar con palabrotas. «Bueno, bueno... si es que... ¡cómo se ponen algunas, hija! Por un accidente así no pasa nad...» No terminó la palabra. Se mordió la lengua y en un susurro dijo para sí misma: «¡Mierda!». ¿Cómo se había enterado de lo de mi padre? No me dio tiempo a preguntarle nada, pues se fue corriendo y no tenía ganas en ese momento de salir a por nadie. Estaba pálida, como la nieve, y mis amigos también. Ellos hicieron mención de salir corriendo para pegarle, pero les detuve. No era momento. Ya lo pagaría tarde o temprano.
Llegué a casa de Naroa (me tuve que quedar allí a dormir porque mi madre me obligó. Ella hizo noche con mi padre, y no quería que yo le viese en tan malas condiciones). Su madre me preparó un vaso de leche caliente, nos duchamos y nos fuimos a la cama. Pero no logré pegar ojo en toda la noche, pensando en mi padre... y en Lola, sobre todo en Lola. Las preguntas sobre lo que ella sabía me invadían, y yo no tenía respuesta a ninguna de ellas...

martes, 4 de octubre de 2011

CAPÍTULO 16 (2ª Parte)

Domingo 21/03/2010
Querido diario:
Si mal no recuerdo, todo lo que sucedió a partir de ese momento me parecía misterioso... La gente parecía mirarme con mirada asesina, incluso el abrazo que me dio mi madre antes de bajar las escaleras para ir a la fiesta me parecía frío y sin ganas... Tal vez la situación se me estuviese yendo un poco de las manos, pero es que ya no me fiaba de nadie. Entré en el coche, y mi padre se dirigió a las casas de Naroa y de nuestros novios para ir a recogerlos. El viaje se me hizo eterno, y Naroa notó mi desconfianza, así que me preguntó al oído: <<Laura, ¿estás bien? Si no quieres ir a la fiesta o te encuentras mal, no tienes más que decirlo. Que yo te acompaño a casa si quieres y les decimos a Lucas y a Mark que se inventen una excusa sobre nuestra ausencia...>>. <<No, muchas gracias, quiero ir, solo que...>>- Y le empecé a contar lo del SMS desconocido. Cuando terminé; como aún seguíamos en el coche, y mi padre tiene el oído muy fino, ella solamente pudo poner cara de asombro y de susto. Y si digo la verdad, incluso aquella expresión llegó a levantarme un poco el ánimo, pues me hizo bastante gracia.
Llegamos a la casa, y un portero de aspecto agradable y algo envejecido, nos preguntó los nombres y, pasados unos segundos rebuscando en una larga lista, abrió la puerta principal y la cerró en cuanto la cruzamos.
Música. Comida. Música a tope y un gran festín en el que se distinguían variedades de productos comestibles muy caros. Estaba claro que Lola no se andaba con rodeos a la hora de destacar en las fiestas. Y la única forma era dándola a lo grande: DJ’s, camareros, servicio de barra... ¡Todo aquello debería haberle costado un ojo de la cara! Pero no parecía importarle mucho si el propósito era atraer a la gente y, sobre todo, a nosotros cuatro, en particular. Lola nos vio a lo lejos, así que disimuladamente comenzó a bailar a lo loco, sin seguir para nada el ritmo de la música, mientras se acercaba hacia nosotros a la vez que saludaba a sus invitados. Una vez en frente nuestra, añadió: <<Vaya, veo que habéis sido valientes al venir aquí. Como ya podréis imaginar, esta es una fiesta de gran prestigio y sois muy afortunados al estar invitados a ella...>>. <<Mira, si hemos venido a tu estúpida y asquerosa fiesta es porque no nos cuesta nada demostrarte que no le tememos a una incompetente, como lo eres tú>>- Añadí, furiosa.
Pareció satisfacerle aquella respuesta, no sé por qué, pero al menos nos dejó en paz y se marchó sin decir ni “mu”.
Al final la fiesta resultó ser incluso divertida, pero solamente porque ninguna chica insoportable (en resumen; Lola y su “pandi”) nos interrumpió nuestras charlas y bailes.
Cuando ya finalizaron todos los espectáculos y la comida escaseaba, la gente empezó a marcharse. Pero mi padre no aparecía y le llamé, preocupada, puesto que le había nombrado perfectamente la hora de recogida. Su teléfono se descolgó, pero nadie contestaba al otro lado. <<Venga, ¡rápido! Ayuden a este hombre, ¡deprisa! ¡Llamen a una ambulancia rápidamente o este señor morirá!>>- Se oían gritos procedentes de más de cuatro personas. <<Cogeré su móvil, para avisar a su familia. Ay va, está conectando con alguien... ¿hola? ¿hola? Vaya, no se habrán enterado...>> Pip-pip-pip- Y colgaron. Me quedé petrificada. ¿Qué sucedía? ¿Por qué había tantas personas preocupadas y ninguna de ellas era mi padre? ¿Por qué no me había cogido él...? Tenía miedo, mucho miedo, y cuando quise responder, ya era demasiado tarde. Pero no tuve la valentía suficiente para marcar de nuevo su número, y descubrir qué sucedía allí...

martes, 13 de septiembre de 2011

CAPÍTULO 16 (1ª Parte)

Sábado 20/03/2010
Querido diario:
¡Quiero morir! Esto no me puede estar pasando precisamente a mí... Mi padre está en coma, y lo han ingresado en la UCI. ¡Y todo por culpa de esa maldita fiesta! Todo empezó hace dos días, en clase:
Una que me cae fatal de la otra clase, me “invitó” a su cumpleaños, y como yo también le caigo mal, pues dijo ante todos que si yo no iba era porque tenía miedo de ella. Así que le dije que allí me iba a ver.
Por lo que les expliqué a mis padres lo ocurrido y entre dientes aceptaron a llevarme y luego recogerme de la fiesta. En cuanto supe la respuesta, corrí a coger el teléfono y llamé a Lucas, Mark y Naroa para decirles que si querían les podía llevar en mi coche. Y, obviamente, aceptaron. La tarde transcurrió tranquila, y Naroa y yo quedamos para hacer la tarea en la biblioteca (total, que más que hacer la tarea, estuvimos poniendo verde a Lola, la chica del cumpleaños). Más tarde, quedamos por la noche a solas con nuestros novios en un Café que hay dos manzanas antes a mi calle, y estuvimos tomando unos batidos caseros que estaban deliciosos.
Una vez salimos de allí, nos encontramos con Lola y su pandilla (cosa que veíamos extraña, pues aunque no sean ricos, viven en un barrio demasiado caro y no salen de allí, por lo que seguramente nos habían seguido). Ella, tan disimulada, dijo: <<Emm... Qué coincidencia, ¿verdad? Bueno, espero que mañana vengáis a mi fiesta. Chao>>- Menuda pija, daban ganas de darle una paliza y te habrías quedado tan a gusto. Pero en fin... Hay que retenerse... De todos modos, Lucas y Mark hicieron mención de intervenir y callarle la boca a esa niñata, pero Naroa y yo les dimos un codazo y se tuvieron que morder la lengua.
Por lo que fuimos a casa bastante mosqueados por esa repentina aparición suya y deseando no haberla conocido.
Así que llegó la mañana siguiente, viernes diecinueve de marzo, 8:00 a.m:
Lola y su pandilla entraron por la puerta principal del colegio con paso lento y haciéndose de notar, como siempre. Ese día llevaban otro “look” más llamativo para que todo el mundo se fijase en ellas. Así, conseguirían acaparar toda la atención del instituto, pero lo único que hacían era el ridículo aunque fuesen las más populares.
Cuando por fin llegó a donde estábamos mi cuadrilla y yo; se agitó su melena, atizando así con ella a Naroa en toda la cara, e intervino en nuestra conversación: <<Os recuerdo que tenéis que llevarme un regalo, puesto que esta es la fiesta más esperada del año y sois muy honrados de asistir a ella, ¿entendido? Bueno, que os divirtáis...>>- Mira que hacerse tanto de notar para solo decir eso...
Llegó la noche, y me estaba dando los últimos retoques frente al espejo, cuando de repente me llegó un SMS:

“Esta noche la vas a recordar para toda tu vida. Y eso no te va a gustar nada” --> Nº Desconocido
¿Quién podrá hacerme esa broma de mal gusto antes de una fiesta?

martes, 28 de junio de 2011

CAPÍTULO 15

Sábado 06/03/2010
Querido diario:
¡Al fin! ¡Ha contestado! Pero antes voy a explicar lo que hoy ha pasado:
A la mañana ha aparecido Naroa en mi casa y, como es fin de semana, a esa hora aún estaba en la cama (10:00 a.m). Así que, la muy cabrita, me ha despertado de golpe: levantando las persianas del todo, abriendo de par en par las ventanas y tirándose encima mía saltando. Así que...¡a la carga se ha dicho! Me ha costado desperezarme, pero en seguida me he puesto a tirarle almohadas, cojines y todo lo que tenía al alcance. Al final, hemos acabado agotadísimas, pero riéndonos bien a gusto. Aunque eso nos ha durado poco, porque hemos dejado toda mi habitación hecha una leonera y mi madre nos ha mandado recoger, porque sino iba a castigarme sin salir esta tarde. Pero eso no ha sido un problema para nosotras, ya que al tener ordenador en mi habitación, lo he encendido y he puesto música “chunda-chunda”, como llamamos nosotras. Recoger sola habría sido un rollo, pero con Naroa y yo cantando mientras sonaba la música de fondo, ha sido incluso divertido. Cuando hemos terminado, todo estaba reluciente y se había pasado la hora de desayunar...¡ya era la una y media! Por lo que mi madre, como “recompensa”, ha invitado a Naroa a comer y sus padres le han dado permiso.
Como hemos quedado más tarde que otros días y hemos terminado pronto de comer, nos hemos ido al cuarto de estar y, mientras veíamos El Diario de Noah (una película preciosa, por cierto), hemos estado comentando lo de Lucas, el mensaje que le envié y las frases que podemos decir según lo que conteste. También le hemos hecho prometer la una a la otra que jamás vamos a discutir por un chico y, también, que sea cual sea la respuesta, no nos vamos a mosquear y tendremos que aceptar la decisión. Así que hemos salido de casa después de ver la película y, nerviosas, nos hemos ido aproximando al lugar de encuentro. Cuando hemos llegado, ahí estaba, él solo, lo que nos ha desconcertado un poco. Y cuando le hemos preguntado dónde se encontraban los demás, ha contestado: <<Les he dicho que ibais a llegar más tarde y que yo os esperaba, por lo que se han ido. Y, contadme, ¿qué era lo que me queríais decir tan urgentemente?>>- ¡Con eso no contábamos! Bueno, cuanto antes mejor, así que Naroa ha comenzado a explicar: <<Verás, hay un chico...Sin rodeos: eres tú el chico en cuestión. Emm...verás...nos gustas a las dos y queremos saber cuál de nosotras te gusta a ti...>>- Y he añadido: <<O si no somos ninguna de las dos, por lo menos, y ya que hay confianza, que nos digas quién te gusta...>>- Esto último lo he dicho sin ganas, ya que sería una decepción que no fuésemos ninguna de las dos. Así que, tras una breve pausa, la cual se nos ha hecho eterna, ha concluido Lucas: <<Laura, ¿quieres salir conmigo?>>- Vaya, ¡esto no me lo esperaba ni de lejos! ¿Y ahora qué decir? Así que, Naroa, decepcionada, ha agachado la cabeza, estaba a punto de llorar, e incluso ya se le estaban resbalando las lágrimas, pero un chico muy guapo ha llegado de la nada y, después de presentarse y decirle que se gustaba de ella desde hace tiempo y que va  a la otra clase, se la ha llevado a un banco cercano a consolarla. Eso ha sido bastante raro, la verdad. Pero ya no parecía importarle el tema de Lucas, porque se la veía feliz. ¡Claro! Ahora me doy cuenta: ¡es Mark, el chico que últimamente le solía lanzar cumplidos a Naroa! Creo que este es el comienzo de dos bonitas relaciones, porque creo que Mark también le ha pedido salir, ya que le ha preguntado algo y ella ha asentido, feliz. ¡Me alegra mucho verla así! Y yo también estoy genial porque estoy saliendo con Lucas, ¡todos felices!

lunes, 27 de junio de 2011

CAPÍTULO 14

Jueves 04/03/2010
Querido diario:
Hoy ha sido un día raro; por una parte, bueno; y, por otra, malo. Explicación de los hechos:
Al entrar a clase por la mañana me he intentado juntar con Naroa para hablar y darle a entender ciertas cosas sobre Lucas. Pero ella me ha esquivado y ha intentando estar, como los días anteriores, lo más lejos posible de mí. Así hasta que, al fin, ha llegado la hora del recreo. Rápidamente me he acercado a ella por detrás y la he agarrado del brazo. Al principio solamente se ha dado la vuelta, pero en cuanto ha visto que era yo, se ha puesto a gritar que la dejase en paz y que no quería tener nada que ver conmigo. Debido a tanta algarabía, ha acudido a clase el profesor de Lenguaje, quien nos ha castigado sin recreo por dos razones: por habernos quedado en clase habiendo bajado ya el resto del alumnado al patio, y por haber armado jaleo en horario escolar dentro de las clases. Así que mientras estábamos sentadas en nuestros respectivos pupitres, he comenzado a decir: <<Naroa, antes de que me eches una reprimenda o algo parecido, quiero aclarar que yo nunca habría querido herir los sentimientos de mi mejor amiga sólo por un chico. Eres como mi hermana y, aunque las hermanas se suelan pelear a veces, siempre acaban perdonándose. Así que...lo siento mucho por haber discutido contigo. ¿Me podrás perdonar?>>. Al principio se ha quedado desconcertada, y sin saber qué hacer, qué decir, o cómo reaccionar. Pero acto seguido, no ha podido evitarlo y ha dejado resbalar lentamente una lágrima de emoción. Ese hecho me ha alegrado un montón, ya que eso significaba que me había comprendido y que me iba a perdonar. Así que, conmovida, se ha levantado del sitio y me ha abrazado como nunca. Después de eso, hemos empezado a entablar una conversación algo más seria, aunque sin perder la ilusión que teníamos y, lo más importante, sin discutir. Al parecer, hemos acabado razonando y prometiendo que lo dejaríamos en manos del destino: nosotras no decidiríamos, pero Lucas, sí. Al fin y al cabo, es el único que puede hacerlo.
Y, sin darnos cuenta, se ha acabado el recreo. Las siguientes horas han transcurrido con normalidad: unas más pesadas y largas; y otras, más cortas y divertidas. Pero aún así, cada vez que miraba a Naroa no podía evitar el hecho de pensar que, tal vez, Lucas la pudiese preferir a ella y no a mí. Tengo miedo. Pero no se puede tener todo, y tampoco quiero obligar a alguien a que yo le guste. Aunque no quito el hecho de estar a punto de besarnos hace cinco días en ese banco que, cada vez que veo, me hace recordar ese momento de felicidad que fue interrumpido tan inesperadamente. Pero conservo esperanzas, que es lo único de lo que puedo confiar sobre el tema en estos momentos.
La tarde la he pasado en mi habitación; primero, haciendo los deberes; y, por último, recapacitando e inventando frasecillas con las que no quede ridícula ni hiera a nadie para cualquier contestación que Lucas nos pueda dar a Naroa y a mí.
Aunque...¡Ya no me acordaba! Naroa me ha pasado en clase un papelito con el número de móvil de Lucas, ¡mi salvación! Creo que ahora me puedo quitar la duda, o al menos el peso que me produce este estrés. Así que he cogido el móvil, nerviosa, y le he enviado un mensaje, en el que he escrito: "Naroa, tú y yo tenemos que hablar lo más rápidamente posible, ¡urgente! Besos." Se puede interpretar de miles de maneras, así que me ha parecido el más adecuado. Supongo que tiene el móvil apagado, porque aún no contesta. Pero debo ser paciente y esperar, por lo menos, al sábado, ya que sólo quedan dos días y supongo que todos saldremos por ahí. Así que aprovecharé en el momento adecuado para coger a Naroa y a Lucas y llevarlos a un sitio donde los demás no nos puedan espiar.

miércoles, 15 de junio de 2011

CAPÍTULO 13


Miércoles 03/03/2010
Querido diario:
Ya han pasado cuatro días desde la discusión entre Naroa y yo. El domingo nadie quedó por el chaparrón que cayó, así que me ahorré una buena bronca con Naroa. De hecho, el lunes ni nos saludamos en clase. Es muy fría, y ese silencio, esa costumbre de no poder con tu “supuesta” mejor amiga, con alguien con la que hablas todos los días, me resultaba un poco incómodo y a la vez, extraño.
Por primera vez, no estaba segura de lo qué me pasaba; echaba algo en falta, tenía un vacío por dentro que debía llenar, y no sabía cómo, o tal vez sí, pero lo dejé pasar. No quiero reconocer en las narices de Naroa que quiero estar con ella, porque primero debe pedirme disculpas por su comportamiento, sabiendo que yo no tengo nada que ver con la situación, y que me está metiendo en algo en lo que sólo puede solucionarse por medio de Lucas. Y eso sólo lo sabremos a partir del viernes a la tarde, ya que fui tan tonta que ni le pedí su dirección de correo ni su número de móvil. Tampoco me apetece llamar a Claudia ni a ninguno de los de la otra cuadrilla para pedírselos, no tengo por qué (y tampoco quiero) dar explicaciones de lo que pasó o pasará a nadie.
Aún así, estoy confusa. Hagamos un repaso de la situación: el chico más guapo del mundo (para mí y...Naroa) se va a su casa que, sorprendentemente, está una calle antes que la mía; luego, le veo y me desmayo o algo así y él me coge en brazos y se dirige hacia un banco conmigo para apoyarme en algún sitio; acto seguido, nos estamos a punto de besar cuando, Naroa, inesperadamente, me llama...o esto es una trampa para saber lo que siento por él y después de comprobarlo, burlarse ante todos, o fue pura casualidad...Aunque, como se suele decir: “Yo no creo en las casualidades...”. Tal vez éste sea el destino, igual sólo era un reto o una apuesta perdida, pero tal vez, y recalco, SÓLO TAL VEZ, sea de verdad una coincidencia inesperada. Pero no estoy muy segura. Ayer, en clase de Religión, nos explicaron cosas sobre la amistad, lo importante que es para dos personas y lo que significa para ellas; y sobre el amor, lo que significa quererse de verdad, cuándo una persona está preparada para dar ese paso hacia delante, avanzando un nivel más en la época de la adolescencia, pasando de la amistad a la relación. Aquello me hizo reflexionar y, en cuanto acabó la explicación sobre esos dos temas, me quedé absorta en mis pensamientos, pensando en qué era lo mejor para mí: si Naroa, mi mejor amiga de toda la vida, mi alma gemela, mi hermana, desde que éramos unas “renacuajas”; o por el contrario, Lucas, un chico recién llegado a la cuadrilla, del que no sé prácticamente nada, excepto que vive una calle antes que yo, pero...¿Qué más? Nada. No sé nada más sobre él, aunque...¡Eso no tiene nada que ver! Es o amor o amistad. Entre esas cosas no se puede elegir, cuando has tomado una decisión, le hieres a una de esas dos personas, pero...¿Y si nunca tomo ninguna decisión y dejo que ellos lo arreglen por mí? No. Sería muestra de cobardía y así no llego a ninguna parte. Además, no puedo estar escondiéndome de Naroa toda mi vida, tarde o temprano nos tendremos que ver las caras y, por desgracia, tiene que ser temprano: dentro de dos días. Ojalá existiesen los poderes y, así podría cambiar todo, desear que mi vida fuese perfecta y no retroceder jamás, que nunca hubiese problemas en ella y todo fueran facilidades para todo el mundo, que las decisiones no fueran tan complicadas...Pero no es así, es la vida real y no puedes cambiar un error o evitar algo pasado. Lo hecho, hecho está, y ya nada se puede hacer para remediarlo, pero...¡Decisión tomada! Mañana mismo me enfrentaré a mi peor miedo: tener que reconocer algo serio del que tienes la mitad de la culpa. Al menos, si Naroa ve que yo me disculpo, tal vez ella lo haga también y lo podamos solucionar como amigas, como dos personas que tienen la suficiente confianza como para hacer las paces, hacer la paz con tu mejor amiga.