Domingo 21/03/2010
Querido diario:
Si mal no recuerdo, todo lo que sucedió a partir de ese momento me parecía misterioso... La gente parecía mirarme con mirada asesina, incluso el abrazo que me dio mi madre antes de bajar las escaleras para ir a la fiesta me parecía frío y sin ganas... Tal vez la situación se me estuviese yendo un poco de las manos, pero es que ya no me fiaba de nadie. Entré en el coche, y mi padre se dirigió a las casas de Naroa y de nuestros novios para ir a recogerlos. El viaje se me hizo eterno, y Naroa notó mi desconfianza, así que me preguntó al oído: <<Laura, ¿estás bien? Si no quieres ir a la fiesta o te encuentras mal, no tienes más que decirlo. Que yo te acompaño a casa si quieres y les decimos a Lucas y a Mark que se inventen una excusa sobre nuestra ausencia...>>. <<No, muchas gracias, quiero ir, solo que...>>- Y le empecé a contar lo del SMS desconocido. Cuando terminé; como aún seguíamos en el coche, y mi padre tiene el oído muy fino, ella solamente pudo poner cara de asombro y de susto. Y si digo la verdad, incluso aquella expresión llegó a levantarme un poco el ánimo, pues me hizo bastante gracia.
Llegamos a la casa, y un portero de aspecto agradable y algo envejecido, nos preguntó los nombres y, pasados unos segundos rebuscando en una larga lista, abrió la puerta principal y la cerró en cuanto la cruzamos.
Música. Comida. Música a tope y un gran festín en el que se distinguían variedades de productos comestibles muy caros. Estaba claro que Lola no se andaba con rodeos a la hora de destacar en las fiestas. Y la única forma era dándola a lo grande: DJ’s, camareros, servicio de barra... ¡Todo aquello debería haberle costado un ojo de la cara! Pero no parecía importarle mucho si el propósito era atraer a la gente y, sobre todo, a nosotros cuatro, en particular. Lola nos vio a lo lejos, así que disimuladamente comenzó a bailar a lo loco, sin seguir para nada el ritmo de la música, mientras se acercaba hacia nosotros a la vez que saludaba a sus invitados. Una vez en frente nuestra, añadió: <<Vaya, veo que habéis sido valientes al venir aquí. Como ya podréis imaginar, esta es una fiesta de gran prestigio y sois muy afortunados al estar invitados a ella...>>. <<Mira, si hemos venido a tu estúpida y asquerosa fiesta es porque no nos cuesta nada demostrarte que no le tememos a una incompetente, como lo eres tú>>- Añadí, furiosa.Pareció satisfacerle aquella respuesta, no sé por qué, pero al menos nos dejó en paz y se marchó sin decir ni “mu”.
Al final la fiesta resultó ser incluso divertida, pero solamente porque ninguna chica insoportable (en resumen; Lola y su “pandi”) nos interrumpió nuestras charlas y bailes.
Cuando ya finalizaron todos los espectáculos y la comida escaseaba, la gente empezó a marcharse. Pero mi padre no aparecía y le llamé, preocupada, puesto que le había nombrado perfectamente la hora de recogida. Su teléfono se descolgó, pero nadie contestaba al otro lado. <<Venga, ¡rápido! Ayuden a este hombre, ¡deprisa! ¡Llamen a una ambulancia rápidamente o este señor morirá!>>- Se oían gritos procedentes de más de cuatro personas. <<Cogeré su móvil, para avisar a su familia. Ay va, está conectando con alguien... ¿hola? ¿hola? Vaya, no se habrán enterado...>> Pip-pip-pip- Y colgaron. Me quedé petrificada. ¿Qué sucedía? ¿Por qué había tantas personas preocupadas y ninguna de ellas era mi padre? ¿Por qué no me había cogido él...? Tenía miedo, mucho miedo, y cuando quise responder, ya era demasiado tarde. Pero no tuve la valentía suficiente para marcar de nuevo su número, y descubrir qué sucedía allí...
sigeee!! :) me encantaa!
ResponderEliminarYa está el 17º capítulo, lo acabo de publicar^^
ResponderEliminarEspero que te guste y gracias por leer mi historia! ;)