Introducción

Laura es una chica alta y rubia que vive en Madrid. Por su décimo cumpleaños le regalaron un diario en el que actualmente escribe con frecuencia. Allí están guardados bajo llave sus más íntimos secretos de amor, ilusiones, sueños, aventuras...Aunque a veces, no le salga nada como ella espera, siempre tiene una pizca de ilusión...


Número de visitas

martes, 28 de junio de 2011

CAPÍTULO 15

Sábado 06/03/2010
Querido diario:
¡Al fin! ¡Ha contestado! Pero antes voy a explicar lo que hoy ha pasado:
A la mañana ha aparecido Naroa en mi casa y, como es fin de semana, a esa hora aún estaba en la cama (10:00 a.m). Así que, la muy cabrita, me ha despertado de golpe: levantando las persianas del todo, abriendo de par en par las ventanas y tirándose encima mía saltando. Así que...¡a la carga se ha dicho! Me ha costado desperezarme, pero en seguida me he puesto a tirarle almohadas, cojines y todo lo que tenía al alcance. Al final, hemos acabado agotadísimas, pero riéndonos bien a gusto. Aunque eso nos ha durado poco, porque hemos dejado toda mi habitación hecha una leonera y mi madre nos ha mandado recoger, porque sino iba a castigarme sin salir esta tarde. Pero eso no ha sido un problema para nosotras, ya que al tener ordenador en mi habitación, lo he encendido y he puesto música “chunda-chunda”, como llamamos nosotras. Recoger sola habría sido un rollo, pero con Naroa y yo cantando mientras sonaba la música de fondo, ha sido incluso divertido. Cuando hemos terminado, todo estaba reluciente y se había pasado la hora de desayunar...¡ya era la una y media! Por lo que mi madre, como “recompensa”, ha invitado a Naroa a comer y sus padres le han dado permiso.
Como hemos quedado más tarde que otros días y hemos terminado pronto de comer, nos hemos ido al cuarto de estar y, mientras veíamos El Diario de Noah (una película preciosa, por cierto), hemos estado comentando lo de Lucas, el mensaje que le envié y las frases que podemos decir según lo que conteste. También le hemos hecho prometer la una a la otra que jamás vamos a discutir por un chico y, también, que sea cual sea la respuesta, no nos vamos a mosquear y tendremos que aceptar la decisión. Así que hemos salido de casa después de ver la película y, nerviosas, nos hemos ido aproximando al lugar de encuentro. Cuando hemos llegado, ahí estaba, él solo, lo que nos ha desconcertado un poco. Y cuando le hemos preguntado dónde se encontraban los demás, ha contestado: <<Les he dicho que ibais a llegar más tarde y que yo os esperaba, por lo que se han ido. Y, contadme, ¿qué era lo que me queríais decir tan urgentemente?>>- ¡Con eso no contábamos! Bueno, cuanto antes mejor, así que Naroa ha comenzado a explicar: <<Verás, hay un chico...Sin rodeos: eres tú el chico en cuestión. Emm...verás...nos gustas a las dos y queremos saber cuál de nosotras te gusta a ti...>>- Y he añadido: <<O si no somos ninguna de las dos, por lo menos, y ya que hay confianza, que nos digas quién te gusta...>>- Esto último lo he dicho sin ganas, ya que sería una decepción que no fuésemos ninguna de las dos. Así que, tras una breve pausa, la cual se nos ha hecho eterna, ha concluido Lucas: <<Laura, ¿quieres salir conmigo?>>- Vaya, ¡esto no me lo esperaba ni de lejos! ¿Y ahora qué decir? Así que, Naroa, decepcionada, ha agachado la cabeza, estaba a punto de llorar, e incluso ya se le estaban resbalando las lágrimas, pero un chico muy guapo ha llegado de la nada y, después de presentarse y decirle que se gustaba de ella desde hace tiempo y que va  a la otra clase, se la ha llevado a un banco cercano a consolarla. Eso ha sido bastante raro, la verdad. Pero ya no parecía importarle el tema de Lucas, porque se la veía feliz. ¡Claro! Ahora me doy cuenta: ¡es Mark, el chico que últimamente le solía lanzar cumplidos a Naroa! Creo que este es el comienzo de dos bonitas relaciones, porque creo que Mark también le ha pedido salir, ya que le ha preguntado algo y ella ha asentido, feliz. ¡Me alegra mucho verla así! Y yo también estoy genial porque estoy saliendo con Lucas, ¡todos felices!

lunes, 27 de junio de 2011

CAPÍTULO 14

Jueves 04/03/2010
Querido diario:
Hoy ha sido un día raro; por una parte, bueno; y, por otra, malo. Explicación de los hechos:
Al entrar a clase por la mañana me he intentado juntar con Naroa para hablar y darle a entender ciertas cosas sobre Lucas. Pero ella me ha esquivado y ha intentando estar, como los días anteriores, lo más lejos posible de mí. Así hasta que, al fin, ha llegado la hora del recreo. Rápidamente me he acercado a ella por detrás y la he agarrado del brazo. Al principio solamente se ha dado la vuelta, pero en cuanto ha visto que era yo, se ha puesto a gritar que la dejase en paz y que no quería tener nada que ver conmigo. Debido a tanta algarabía, ha acudido a clase el profesor de Lenguaje, quien nos ha castigado sin recreo por dos razones: por habernos quedado en clase habiendo bajado ya el resto del alumnado al patio, y por haber armado jaleo en horario escolar dentro de las clases. Así que mientras estábamos sentadas en nuestros respectivos pupitres, he comenzado a decir: <<Naroa, antes de que me eches una reprimenda o algo parecido, quiero aclarar que yo nunca habría querido herir los sentimientos de mi mejor amiga sólo por un chico. Eres como mi hermana y, aunque las hermanas se suelan pelear a veces, siempre acaban perdonándose. Así que...lo siento mucho por haber discutido contigo. ¿Me podrás perdonar?>>. Al principio se ha quedado desconcertada, y sin saber qué hacer, qué decir, o cómo reaccionar. Pero acto seguido, no ha podido evitarlo y ha dejado resbalar lentamente una lágrima de emoción. Ese hecho me ha alegrado un montón, ya que eso significaba que me había comprendido y que me iba a perdonar. Así que, conmovida, se ha levantado del sitio y me ha abrazado como nunca. Después de eso, hemos empezado a entablar una conversación algo más seria, aunque sin perder la ilusión que teníamos y, lo más importante, sin discutir. Al parecer, hemos acabado razonando y prometiendo que lo dejaríamos en manos del destino: nosotras no decidiríamos, pero Lucas, sí. Al fin y al cabo, es el único que puede hacerlo.
Y, sin darnos cuenta, se ha acabado el recreo. Las siguientes horas han transcurrido con normalidad: unas más pesadas y largas; y otras, más cortas y divertidas. Pero aún así, cada vez que miraba a Naroa no podía evitar el hecho de pensar que, tal vez, Lucas la pudiese preferir a ella y no a mí. Tengo miedo. Pero no se puede tener todo, y tampoco quiero obligar a alguien a que yo le guste. Aunque no quito el hecho de estar a punto de besarnos hace cinco días en ese banco que, cada vez que veo, me hace recordar ese momento de felicidad que fue interrumpido tan inesperadamente. Pero conservo esperanzas, que es lo único de lo que puedo confiar sobre el tema en estos momentos.
La tarde la he pasado en mi habitación; primero, haciendo los deberes; y, por último, recapacitando e inventando frasecillas con las que no quede ridícula ni hiera a nadie para cualquier contestación que Lucas nos pueda dar a Naroa y a mí.
Aunque...¡Ya no me acordaba! Naroa me ha pasado en clase un papelito con el número de móvil de Lucas, ¡mi salvación! Creo que ahora me puedo quitar la duda, o al menos el peso que me produce este estrés. Así que he cogido el móvil, nerviosa, y le he enviado un mensaje, en el que he escrito: "Naroa, tú y yo tenemos que hablar lo más rápidamente posible, ¡urgente! Besos." Se puede interpretar de miles de maneras, así que me ha parecido el más adecuado. Supongo que tiene el móvil apagado, porque aún no contesta. Pero debo ser paciente y esperar, por lo menos, al sábado, ya que sólo quedan dos días y supongo que todos saldremos por ahí. Así que aprovecharé en el momento adecuado para coger a Naroa y a Lucas y llevarlos a un sitio donde los demás no nos puedan espiar.

miércoles, 15 de junio de 2011

CAPÍTULO 13


Miércoles 03/03/2010
Querido diario:
Ya han pasado cuatro días desde la discusión entre Naroa y yo. El domingo nadie quedó por el chaparrón que cayó, así que me ahorré una buena bronca con Naroa. De hecho, el lunes ni nos saludamos en clase. Es muy fría, y ese silencio, esa costumbre de no poder con tu “supuesta” mejor amiga, con alguien con la que hablas todos los días, me resultaba un poco incómodo y a la vez, extraño.
Por primera vez, no estaba segura de lo qué me pasaba; echaba algo en falta, tenía un vacío por dentro que debía llenar, y no sabía cómo, o tal vez sí, pero lo dejé pasar. No quiero reconocer en las narices de Naroa que quiero estar con ella, porque primero debe pedirme disculpas por su comportamiento, sabiendo que yo no tengo nada que ver con la situación, y que me está metiendo en algo en lo que sólo puede solucionarse por medio de Lucas. Y eso sólo lo sabremos a partir del viernes a la tarde, ya que fui tan tonta que ni le pedí su dirección de correo ni su número de móvil. Tampoco me apetece llamar a Claudia ni a ninguno de los de la otra cuadrilla para pedírselos, no tengo por qué (y tampoco quiero) dar explicaciones de lo que pasó o pasará a nadie.
Aún así, estoy confusa. Hagamos un repaso de la situación: el chico más guapo del mundo (para mí y...Naroa) se va a su casa que, sorprendentemente, está una calle antes que la mía; luego, le veo y me desmayo o algo así y él me coge en brazos y se dirige hacia un banco conmigo para apoyarme en algún sitio; acto seguido, nos estamos a punto de besar cuando, Naroa, inesperadamente, me llama...o esto es una trampa para saber lo que siento por él y después de comprobarlo, burlarse ante todos, o fue pura casualidad...Aunque, como se suele decir: “Yo no creo en las casualidades...”. Tal vez éste sea el destino, igual sólo era un reto o una apuesta perdida, pero tal vez, y recalco, SÓLO TAL VEZ, sea de verdad una coincidencia inesperada. Pero no estoy muy segura. Ayer, en clase de Religión, nos explicaron cosas sobre la amistad, lo importante que es para dos personas y lo que significa para ellas; y sobre el amor, lo que significa quererse de verdad, cuándo una persona está preparada para dar ese paso hacia delante, avanzando un nivel más en la época de la adolescencia, pasando de la amistad a la relación. Aquello me hizo reflexionar y, en cuanto acabó la explicación sobre esos dos temas, me quedé absorta en mis pensamientos, pensando en qué era lo mejor para mí: si Naroa, mi mejor amiga de toda la vida, mi alma gemela, mi hermana, desde que éramos unas “renacuajas”; o por el contrario, Lucas, un chico recién llegado a la cuadrilla, del que no sé prácticamente nada, excepto que vive una calle antes que yo, pero...¿Qué más? Nada. No sé nada más sobre él, aunque...¡Eso no tiene nada que ver! Es o amor o amistad. Entre esas cosas no se puede elegir, cuando has tomado una decisión, le hieres a una de esas dos personas, pero...¿Y si nunca tomo ninguna decisión y dejo que ellos lo arreglen por mí? No. Sería muestra de cobardía y así no llego a ninguna parte. Además, no puedo estar escondiéndome de Naroa toda mi vida, tarde o temprano nos tendremos que ver las caras y, por desgracia, tiene que ser temprano: dentro de dos días. Ojalá existiesen los poderes y, así podría cambiar todo, desear que mi vida fuese perfecta y no retroceder jamás, que nunca hubiese problemas en ella y todo fueran facilidades para todo el mundo, que las decisiones no fueran tan complicadas...Pero no es así, es la vida real y no puedes cambiar un error o evitar algo pasado. Lo hecho, hecho está, y ya nada se puede hacer para remediarlo, pero...¡Decisión tomada! Mañana mismo me enfrentaré a mi peor miedo: tener que reconocer algo serio del que tienes la mitad de la culpa. Al menos, si Naroa ve que yo me disculpo, tal vez ella lo haga también y lo podamos solucionar como amigas, como dos personas que tienen la suficiente confianza como para hacer las paces, hacer la paz con tu mejor amiga.

jueves, 2 de junio de 2011

CAPÍTULO 12

Sábado 27/02/2010
Querido diario:
Más interesante fue aún lo que sucedió al irnos a casa: era el primer día en que estábamos las dos cuadrillas juntas y aún no sabíamos dónde vivían los “nuevos”, por llamarlos de alguna manera. Así que tal fue mi sorpresa que me llevé al saber que Lucas vivía una calle antes que la mía (se acababa de mudar), que me quedé parada inocentemente, con la mirada perdida. De repente, alguien por detrás me sostuvo en sus brazos y me apoyó poco a poco en un banco cercano. Resultó ser Lucas, que el muy simpático me cogió antes de que me cayera al suelo por un ataque o yo qué sé el qué me debió de haber dado...El caso es que nuestras caras estaban muy cerca, casi pegadas, y él me preguntaba si me encontraba bien y si quería ir al ambulatorio para que me mirasen, pero yo seguía sumergida en mi mundillo de fantasía, imaginando según lo que iba sucediendo allí, lo que quería que me pasase. Pero Lucas me sentó y tímidamente me miró a los ojos. Entonces me empezó a latir el corazón a cien por hora y mi boca hizo un sigo de alegría tonta, de esas que se te ponen cuando estás completamente enamorada. Sentía su aliento, y nuestros labios iban acercándose lentamente, cuando, de repente, sonó mi teléfono móvil. ¡Si es que quién me mandaría a mí tenerlo encendido con el volumen al máximo! ¡Estábamos a punto de besarnos, el chico más guapo del mundo y yo, y todo lo estropeó ese maldito cacharro! Aún medio embobada, dije: <<Discúlpame unos segundos, por favor>>- Y se vio que a él tampoco le hizo mucha gracia, porque puso una mueca, como diciendo: “casi, pero no ha podido ser...”. Fui una estúpida, no tendría que haber dicho eso, tendría que haber continuado y después, sólo después, haber cogido el móvil. Pero ya no había remedio, así que lo cogí y contesté malhumorada: <<¿Quién?>>- Era Naroa, que por desgracia se había olvidado el día anterior una chaqueta en mi casa y lo acababa de recordar. <<Chica, no contestes así, que ya me la devolverás mañana...>>. <<No es por eso>>-Resoplé-<<Es que...mañana te lo cuento, ¿ok? Adiós>>. Colgué rápidamente, de tal forma que no le di tiempo a despedirse. Regresé al banco, pero Lucas dijo que también le acababan de llamar y no tenía que ir a casa, sino a su sociedad. Nos despedimos con rabia por lo del “no beso”, pero sonrojados.
Al día siguiente llamé a Naroa para quedar y, de paso, contarle lo de la noche anterior. Apenas terminé mi relato, ella gritó: <<¿Quééé? No me fastidies, Laura...Yo también me gusto de él y hoy te lo iba a contar...¿Pero cómo me puedes hacer esto: tú, mi mejor amiga...? La verdad, no sé qué pensar ahora, por lo menos te interrumpí el beso y no llegó a haber nada...>>- Espera, ¡sí! ¡Lo dijo!-<<¿Pero cómo puedes ser tan cretina, Naroa?>>-Respondí-<<Mira, si nos gustamos pues te tendrás que aguantar y ya está. Pero, es que, siendo mi mejor amiga, ¿cómo puedes ser capaz de alegrarte por algo que a mí me sabe a cuerno quemado? Yo sí que no te entiendo...>>-Concluí. Pero Naroa siguió la conversación chillando enfadada:<<¿Cómo que no me entiendes? ¿Y mis sentimientos, qué?, ¿eh? Mira, hasta que no te tranquilices no pienso hablar contigo, ¿me oyes? Así que no me vuelvas a hablar hasta que reconozcas que Lucas se gusta de mí>>-Y colgó. Ni siquiera me dio tiempo a decirle ninguna reprimenda, y me dejó con la palabra en la boca. ¿Qué quiere que le haga si nos gustamos mutuamente? Se tendría que alegrar por mí, ¿no?