Introducción

Laura es una chica alta y rubia que vive en Madrid. Por su décimo cumpleaños le regalaron un diario en el que actualmente escribe con frecuencia. Allí están guardados bajo llave sus más íntimos secretos de amor, ilusiones, sueños, aventuras...Aunque a veces, no le salga nada como ella espera, siempre tiene una pizca de ilusión...


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sábado, 28 de mayo de 2011

CAPÍTULO 11

Viernes 26/02/2010
Querido diario:
No estoy muy segura de lo que ha pasado durante todo este tiempo, pero gracias al incidente del reformatorio y a que Claudia nos salvó la vida, ésta ha salido de allí, y ahora nos hemos vuelto a juntar las dos cuadrillas (con algún componente más). Esto sucedió así:
Tres días después de que la noticia se difundiera por todo el país, los padres de Claudia le sacaron del reformatorio, pues los nuestros les convencieron de que era peligroso estar allí y que iba a ser una gran alegría y recompensa para ella por habernos salvado y atrapar al impostor, que, por lo visto, no había sido su única jugada: era la persona más buscada por todo el país, había cometido mogollón de delitos, desde atracar varios bancos, hasta asesinar a mucha gente inocente. Y resulta, que el trabajo que la policía no pudo hacer durante dos años, lo hemos hecho una cuadrilla de preadolescentes en un día. Así que esa semana fue un “escándalo”: no cesaban de llegar periodistas al colegio y a nuestras casas para entrevistarnos y contar cómo sucedió todo: una y otra vez...Pero teníamos paciencia, al fin y al cabo, de esa manera todas las familias del país guardarían más cuidado a la hora de escoger reformatorios que no supusieran demasiado gasto. Lo bueno de todo esto, a parte de ayudar a esas familias, era que nos pagaban por salir en la tele. Pero no nos lo gastamos, como harían otras personas, lo guardamos en nuestras huchas de casa y no lo tocamos para nada, si no era una emergencia. Como nos llevaban a varios plató a toda la cuadrilla y a Claudia, no nos quedó otro remedio que estar juntos y, poco a poco, empezamos a hablar y nos volvimos a amigar con ella. Así que a los dos días, Claudia llamó a mi móvil y preguntó dónde estábamos y a ver si la podíamos esperar. Lo hicimos, y a los cinco minutos apareció con su cuadrilla. No les hizo mucha gracia al principio, pero fuimos cogiendo confianza y ahora no somos dieciocho, sino treinta y dos. Somos demasiados, pero da igual, lo único que importa es que ahora nos llevamos bien y que ya no visten con ropa tipo heavy haciéndose los “guays”.
Lo bueno es que a parte de eso, se incorporaron a su cuadrilla hace ya un tiempo gente nueva y hay un chico muy guapo que se llama Lucas...Pero cuando estoy a su lado, no sé cómo reaccionar, qué decir, qué hacer...Me quedo bloqueada, hasta que al fin, alguien saca tema de conversación y hablamos de ello. El otro día me quedé mirándole fijamente a sus ojos, de color azul cielo intenso; a su pelo, de un rubio brillante; y a sus perfecta cara, con esos dientes y esa sonrisa blanca como la nieve...Cuando me di cuenta de que ya llevaba un rato mirándome, fue demasiado tarde, pero me dijo, sonriendo cariñosamente: <<Llevas un rato en blanco, ¿Qué pasa?>>-Sonreí y me sonrojé. Pero pareció que no le importó que le mirase, porque me cogió la mano, suavemente y comprobando que yo no me resistía a ello, porque no sabía lo que siento por él  y la soltó solamente cuando nos tuvimos que levantar para irnos. Me miraba con ternura y yo estaba como en una nube, no quería que eso se acabase...

martes, 10 de mayo de 2011

CAPÍTULO 10

Jueves 11/02/2010
Querido diario:
La historia no terminaba así, pero me tenía que ir. Así que la sigo contando:
Cuando el vigilante vio la ropa del policía, se quedó absorto en sus pensamientos y, a la vez, boquiabierto. No tardó en reaccionar y tan pronto como pudo echó a correr. El policía le siguió y no le costó alcanzarle, pues el vigilante estaba algo gordo. En cuanto lo hizo, el vigilante intentó liberarse con las poquísimas fuerzas que le quedaban después de esa corta corrida. Pero le fue imposible y se tiró al suelo, agotado y sin fuerzas. El policía no tuvo ningún remordimiento y lo levantó, a pesar de lo pesado que era. Lo estampó contra la pared, le cogió los brazos, los juntó y lo esposó. Como dejó sus brazos alrededor de una fina columna de cemento, el vigilante no tenía manera alguna de escapar, pues por mucho que hiciese fuerza para romper las esposas, sólo conseguía hacerse daño a sí mismo en los brazos. Mientras el policía se dirigía hacia nosotros, el vigilante lanzaba unos chillos tremendos; unos, de insultos hacia el policía; y otros, pidiendo auxilio. Pero no había nadie por allí...o eso creíamos nosotros. A la vez que seguía avanzando hacia nosotros, se empezaron a oír unos ruidos provenientes de todos los lados, parecidos a los que escuchamos el día que fuimos capturados, antes de que las luces se apagasen. Todos nos miramos a la vez, preocupados. ¿Y se el policía no era uno de verdad? ¿Estaría fingiendo y nos iría a hacer algo? No sabíamos qué hacer, más que retroceder. Por suerte, o no, no consiguió abrir la celda, pues era el vigilante quien tenía las llaves. Corrió hacia él, le empujó y le hizo entregárselas. En ese momento, tuvimos esperanzas y pensamos que el vigilante sabría muy bien quién era ese tipo y qué planes tendría con nosotros. Sería muy sangriento matarle delante nuestra, así que el policía le dio unos cuantos puñetazos y le dejó sangrando por toda la cara y, también, con numerosos moratones. Nos volvimos a mirar: nuestra única esperanza era el vigilante, y ahora estaba en estado de coma. El policía se aproximó a abrir la celda, y cuando estaba a punto de hacerlo, apareció de la nada una figura muy familiar. ¡Era Claudia! No nos lo podíamos creer. ¡Estábamos definitivamente salvados! Pero el policía cogió su pistola rápidamente y disparó. Claudia cayó al suelo y por un momento pensamos que estábamos perdidos. Pero entonces, se levantó, le agarró bien fuerte, se tiró clavándole el codo y la rodilla en la espalda y lo dejó gimoteando de dolor. Aprovechó para quitarle las llaves y abrir la celda: <<¡Corred!¡Salid ahora mismo de aquí e id a la comisaría ahora mismo!¡No perdáis el tiempo, estúpidos!>>-Aunque nos hubiese insultado, nos daba igual, porque era una chica rebelde y se quería hacer la dura, pero en realidad nos estaba diciendo:”Corred, confío en vosotros”. Bueno, es Claudia, hay que conocerla...Después de avisar en la comisaría, el resto de lo que pasó sucedió muy rápido: arrestaron al impostor; al vigilante lo llevaron al hospital y, en cuanto se cure, irá a la cárcel; y, bueno, Claudia...Hay que arreglar las cosas con ella. Le agradecimos un millón de veces su ayuda, que gracias a ella ahora estamos todos vivos, pero...no le va eso de hacerse la blandengue. Así que se hizo otra vez la dura y, sin darse cuenta, nos sonrió. No habíamos visto eso desde hacía ya muchísimo tiempo, pero...Claudia, es Claudia...