Introducción

Laura es una chica alta y rubia que vive en Madrid. Por su décimo cumpleaños le regalaron un diario en el que actualmente escribe con frecuencia. Allí están guardados bajo llave sus más íntimos secretos de amor, ilusiones, sueños, aventuras...Aunque a veces, no le salga nada como ella espera, siempre tiene una pizca de ilusión...


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jueves, 27 de octubre de 2011

CAPÍTULO 17

Lunes 22/03/2010
Querido diario:
Hoy ha habido colegio, sin embargo, estoy demasiado preocupada por lo sucedido y estos hechos me han traumatizado un poco... Pero como aún no está aclarado todo, continuaré desde donde lo dejé:

“Viernes 19, 23:30 horas.”
Nada... no había respuesta alguna cuando Naroa, Lucas y Mark llamaron desde mi móvil al de mi padre. Ya no se descolgaba solo, así que ellos tres me recomendaron llamar a mi madre para contarle lo sucedido. Y así hice. «¿Sí?»- Respondió mi madre, nerviosa y a punto de llorar. «Mamá, he llamado a papá porque tardaba mucho en venir a recogernos y... » No me dio tiempo a proseguir, mi madre estalló y rompió a llorar, desesperada. Por lo visto, ella ya se había enterado de la noticia. Y no era nada buena... Sorbiendo sus lágrimas e intentando no llorar mucho para que yo la entendiera al hablar, comenzó: «Tu padre... está en coma... lo han ingresado en la UCI porque un camión, que iba a ciento noventa kilómetros por hora, ha chocado contra él y lo ha arrojado al campo. Nadie conducía el camión...» Y comenzó de nuevo a llorar. No me lo pude creer. Por un momento estuve a punto de desmayarme, pero Lucas me sostuvo sobre sus brazos mientras recuperaba la conciencia y volvía al mundo real. No pude más. Rompí a llorar en medio de la calle, y los demás también lo hicieron. Una auténtica tragedia. Pero justo en ese momento salieron a dar una vuelta Lola y su pandilla y, al ver semejante espectáculo, se acercaron a preguntar. «¿Qué os pasa? Ni que se hubiera muerto alguien, chicos. A ver, aunque nunca podáis hacer una fiesta como la mía, no es motivo para ponerse así» Enfurecí, querría haber matado en ese momento a esa idiota metomentodo, pero lo único que hice fue abalanzarme sobre ella mientras mis amigos intentaban detenerme. «¿Acaso tu sabes lo que de verdad ocurre? ¿Qué, te crees la reina del mundo, verdad? Pues para que lo sepas, ¡no me llegas a la suela del zapato! Así que no te metas en mis asuntos personales, y vete un ratito a... ¡¡Por ahí!!»- No quería empezar con palabrotas. «Bueno, bueno... si es que... ¡cómo se ponen algunas, hija! Por un accidente así no pasa nad...» No terminó la palabra. Se mordió la lengua y en un susurro dijo para sí misma: «¡Mierda!». ¿Cómo se había enterado de lo de mi padre? No me dio tiempo a preguntarle nada, pues se fue corriendo y no tenía ganas en ese momento de salir a por nadie. Estaba pálida, como la nieve, y mis amigos también. Ellos hicieron mención de salir corriendo para pegarle, pero les detuve. No era momento. Ya lo pagaría tarde o temprano.
Llegué a casa de Naroa (me tuve que quedar allí a dormir porque mi madre me obligó. Ella hizo noche con mi padre, y no quería que yo le viese en tan malas condiciones). Su madre me preparó un vaso de leche caliente, nos duchamos y nos fuimos a la cama. Pero no logré pegar ojo en toda la noche, pensando en mi padre... y en Lola, sobre todo en Lola. Las preguntas sobre lo que ella sabía me invadían, y yo no tenía respuesta a ninguna de ellas...

martes, 4 de octubre de 2011

CAPÍTULO 16 (2ª Parte)

Domingo 21/03/2010
Querido diario:
Si mal no recuerdo, todo lo que sucedió a partir de ese momento me parecía misterioso... La gente parecía mirarme con mirada asesina, incluso el abrazo que me dio mi madre antes de bajar las escaleras para ir a la fiesta me parecía frío y sin ganas... Tal vez la situación se me estuviese yendo un poco de las manos, pero es que ya no me fiaba de nadie. Entré en el coche, y mi padre se dirigió a las casas de Naroa y de nuestros novios para ir a recogerlos. El viaje se me hizo eterno, y Naroa notó mi desconfianza, así que me preguntó al oído: <<Laura, ¿estás bien? Si no quieres ir a la fiesta o te encuentras mal, no tienes más que decirlo. Que yo te acompaño a casa si quieres y les decimos a Lucas y a Mark que se inventen una excusa sobre nuestra ausencia...>>. <<No, muchas gracias, quiero ir, solo que...>>- Y le empecé a contar lo del SMS desconocido. Cuando terminé; como aún seguíamos en el coche, y mi padre tiene el oído muy fino, ella solamente pudo poner cara de asombro y de susto. Y si digo la verdad, incluso aquella expresión llegó a levantarme un poco el ánimo, pues me hizo bastante gracia.
Llegamos a la casa, y un portero de aspecto agradable y algo envejecido, nos preguntó los nombres y, pasados unos segundos rebuscando en una larga lista, abrió la puerta principal y la cerró en cuanto la cruzamos.
Música. Comida. Música a tope y un gran festín en el que se distinguían variedades de productos comestibles muy caros. Estaba claro que Lola no se andaba con rodeos a la hora de destacar en las fiestas. Y la única forma era dándola a lo grande: DJ’s, camareros, servicio de barra... ¡Todo aquello debería haberle costado un ojo de la cara! Pero no parecía importarle mucho si el propósito era atraer a la gente y, sobre todo, a nosotros cuatro, en particular. Lola nos vio a lo lejos, así que disimuladamente comenzó a bailar a lo loco, sin seguir para nada el ritmo de la música, mientras se acercaba hacia nosotros a la vez que saludaba a sus invitados. Una vez en frente nuestra, añadió: <<Vaya, veo que habéis sido valientes al venir aquí. Como ya podréis imaginar, esta es una fiesta de gran prestigio y sois muy afortunados al estar invitados a ella...>>. <<Mira, si hemos venido a tu estúpida y asquerosa fiesta es porque no nos cuesta nada demostrarte que no le tememos a una incompetente, como lo eres tú>>- Añadí, furiosa.
Pareció satisfacerle aquella respuesta, no sé por qué, pero al menos nos dejó en paz y se marchó sin decir ni “mu”.
Al final la fiesta resultó ser incluso divertida, pero solamente porque ninguna chica insoportable (en resumen; Lola y su “pandi”) nos interrumpió nuestras charlas y bailes.
Cuando ya finalizaron todos los espectáculos y la comida escaseaba, la gente empezó a marcharse. Pero mi padre no aparecía y le llamé, preocupada, puesto que le había nombrado perfectamente la hora de recogida. Su teléfono se descolgó, pero nadie contestaba al otro lado. <<Venga, ¡rápido! Ayuden a este hombre, ¡deprisa! ¡Llamen a una ambulancia rápidamente o este señor morirá!>>- Se oían gritos procedentes de más de cuatro personas. <<Cogeré su móvil, para avisar a su familia. Ay va, está conectando con alguien... ¿hola? ¿hola? Vaya, no se habrán enterado...>> Pip-pip-pip- Y colgaron. Me quedé petrificada. ¿Qué sucedía? ¿Por qué había tantas personas preocupadas y ninguna de ellas era mi padre? ¿Por qué no me había cogido él...? Tenía miedo, mucho miedo, y cuando quise responder, ya era demasiado tarde. Pero no tuve la valentía suficiente para marcar de nuevo su número, y descubrir qué sucedía allí...